mardi 8 novembre 2011

Atitlán

Atitlán empieza a ser un recuerdo Azul en la memoria de los viejos.

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  1. La Telenovela



    De repente se quitó la ropa.
    Estaba sentado al pié de la cama mirando la televisión para no verla. Ella se metió debajo del edredón; yo sentí ganas de salir corriendo de la habitación para evitar el deseo de amarla o, quizá, prevenir el rechazó de mi cuerpo junto al suyo.
    Comenté las imágenes del televisor: ella dijo que miraba la telenovela porque era la costumbre de su compañero. Supe entonces que debía irme sin despedirme, sin darle la mano, sin verla, sin sentirla, sin olerla, sin amarla...

    Oí las leves caricias de su ropa abandonando su cuerpo, miré el lunar en su seno; el pelo le caía desordenado por los hombros conjugándose con la luz para aumentar mi deseo de quedarme observándola; ella miraba la televisión sin saber lo que sucedía en ella; vi sus pupilas como cuartos menguantes e intuí el sabor helado de su saliva y recibí el aroma de su sexo.

    La telenovela era costumbre de su compañero.

    No se desnudó para seguir viendo la telenovela, sino para que yo contemplara la belleza de su piel, la escultura de su cuerpo medio escondido debajo del edredón.

    De repente me tocó la cara con un pié...

    JorgeGuerra (recuerdo de un viernes santo)

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